El otoño en Galicia huele a tierra mojada, a lluvia inminente y, sobre todo, a castañas asadas. En Santiago de Compostela, la llegada del frío transforma el ambiente de sus calles empedradas y sus plazas monumentales. El tradicional magosto Santiago ha evolucionado con el paso de los años, manteniendo intacta su esencia más rural y recolecta, pero adaptándose a la sofisticación y el dinamismo de una ciudad cosmopolita y universitaria. Hoy, además de las clásicas hornillas de chapa donde antaño se tostaban en el suelo, han proliferado puestos con un toque de autor, siendo la fusión con licor de anís la gran tendencia de la temporada.
En engalicia.info vamos a pasearnos por las calles compostelanas para descubrir cómo se vive esta festividad gastronómica, dónde encontrar las mejores hornillas y por qué este fruto seco, servido en cucuruchos de papel de estraza y con un toque anisado, se ha consolidado como el postre gallego por excelencia de los meses de noviembre y diciembre. Prepárate para calentarte las manos y el paladar.
La tradición reinventada: el toque del anís
La castaña (Castanea sativa) es el gran tesoro otoñal de nuestros bosques atlánticos. Históricamente, fue la base de la alimentación en las aldeas gallegas, sustituyendo al pan y a la patata en muchas épocas de escasez. El magosto tradicional consistía en reunirse en torno al fuego, hacer un agujero en la tierra y asar las castañas sobre brasas de castaño, pinchándolas previamente para que no estallasen. El resultado se acompañaba siempre con un buen vaso de vino tinto, preferiblemente de la zona de Ribeiro o Mencía.
Sin embargo, en el entorno urbano de la capital gallega, la tradición ha sabido innovar. Los maestros asadores han recuperado una antigua costumbre de algunas comarcas del interior: el añadido de anís. Este licor, que ya forma parte de nuestra repostería más clásica (como en las filloas o la torta de Santiago), aporta un aroma intensamente dulce y herbáceo que realza el sabor terroso de la castaña. Al rociar las castañas asadas con una pequeña dosis de anís seco justo en el momento de sacarlas del fuego, el alcohol se evapora rápidamente sobre la chapa caliente, dejando tras de sí un perfume embriagador que impregna las plazas de Compostela.
Plazas y rincones imprescindibles para el magosto en Santiago
Si quieres disfrutar de un buen cucurucho, Santiago ofrece múltiples opciones. Desde las hornillas tradicionales que se instalan de manera efímera en las plazas históricas, hasta las cafeterías y tascas que sacan sus freidoras y sartenes de hierro a la calle. Aquí te dejamos una lista de los sitios recomendados donde el magosto Santiago se vive con mayor intensidad:
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Ver servidores VPS →- A Praza de Cervantes: Es el corazón neurálgico del magosto urbano. Aquí suelen instalarse puestos artesanales durante los fines de semana de noviembre. El bullicio de los estudiantes universitarios y el sonido de las castañas saltando en las sartenes crean una atmósfera inigualable. En los soportales, las cafeterías locales sacan sus puestos ofreciendo cucuruchos XL con ese toque moderno de anís y ralladura de naranja.
- A Alameda: El paseo más emblemático de la ciudad no es ajeno a esta tradición. Junto a la puerta del Pabellón de Recreativo o en las cercanías de laUniversidad, encontrarás puestos familiares que llevan décadas perfeccionando el arte del asado. Las castañas asadas aquí tienen un punto exacto de miel en su interior, tiernas pero sin deshacerse.
- A Praza da Quintana: A los pies de la imponente fachada de la Azabachería, la Quintana ofrece una experiencia casi mística. Varios establecimientos hosteleros de la zona sacan sus hornillas al exterior. El contraste del frío de la noche compostelana con el calor del cucurucho y el aroma a anís convierte este rincón en una parada obligatoria.
- Rúa do Franco y Rúa da Raíña: Las dos grandes arterias gastronómicas de la ciudad. En lugar de las hornillas de chapa en la calle, muchos bares ofrecen en sus barras la versión más sofisticada del postre gallego otoñal. Suelen servirlas en cazuelas de barro, bañadas en un almíbar ligero de anís, listas para acompañar un café con leche o un digestivo.
- A Praza de Mazarelos: Un lugar algo más recogido y bohemio. Ideal para aquellos que buscan una castaña asada de origen certificado. En esta plaza, es habitual encontrar puestos que promueven variedades autóctonas con Indicación Geográfica Protegida (IGP) Castaña de Galicia, garantizando una textura cremosa y un sabor inconfundible.
Los platos estrella del magosto moderno
Aunque el cucurucho clásico de papel estraza sigue siendo el rey, la modernidad ha traído consigo creaciones deliciosas que merecen ser probadas. Si la simple idea de las castañas asadas ya te hace la boca agua, espera a leer estas propuestas:
- Cucurucho de la Abuela con toque anisado: La base insuperable. Castañas de la variedad amarela o fisterrá, asadas lentamente a la brasa, a las que se les añade un chorrito de anís dulce justo antes de envolverlas en el papel. El contraste entre el exterior ligeramente ahumado y el interior dulce y licoroso es espectacular.
- Castañas confitadas en anís y miel: Un acercamiento al marron glacé francés pero con alma puramente gallega. Se cocinan a fuego muy lento durante horas en un almíbar de agua, azúcar, anís y un toque de canela. El resultado es una castaña translúcida, de textura sedosa, que se deshace en la boca. Un auténtico postre gallego de alta repostaría.
- Filloas rellenas de crema de castaña: Las filloas son otro de los manjares de nuestras tierras. En esta versión moderna del magosto, se rellenan con un puré sedoso de castaña asada endulzado con anís, formando un postre cremoso y reconfortante que evoca los festines de invierno.
- Crepes de castaña con helado de anís: Una de las apuestas más vanguardistas que se pueden encontrar en las cafeterías de la zona de la Universidad. Una masa dulce de castaña rellena de nata, acompañada de una bola de helado artesano de anís. El cruce de texturas calientes y frías es perfecto.
Precios orientativos y horarios
Pasar un rato agradable disfrutando de las castañas asadas en Santiago es una de las opciones gastronómicas más accesibles y económicas. La temporadasuelele comenzar con fuerza a mediados de octubre y se extiende hasta entrado el mes de enero, coincidiendo con el frío del invierno gallego.
En cuanto a los horarios, las hornillas callejeras y puestos de plazas suelen abrir sus puertas sobre las 11:00 de la mañana para ofrecer un tentempié a los viandantes. Sin embargo, es a partir de las 17:00 horas cuando el ambiente realmente se calienta. La demanda es máxima entre las 18:00 y las 21:00, ya que es el momento en el que los estudiantes salen de clase y los turistas y locales salen a tomar el «aprivo» (el verbo gallego para tomar el aperitivo) de la tarde. La mayoría de los puestos de las plazas cierran en torno a las 23:00, mientras que las cafeterías y bares pueden servirlas hasta la madrugada.
Respecto a los precios, son muy variados y dependerán del tamaño del cucurucho y de si lleva extras. Aquí tienes una pequeña referencia:
- Cucurucho pequeño (aprox. 100-150 gr): Entre 2,50 € y 3,50 €. Ideal para probar y calentarse un rato.
- Cucurucho grande (aprox. 250-300 gr): Entre 4,50 € y 6,00 €. El tamaño más popular entre los estudiantes.
- Cucurucho especial (con anís, miel o especias): Entre 5,00 € y 7,50 €.
- Ración de postre en cafetería (crepes, confitadas o filloas): Entre 6,00 € y 9,00 €.
Como consejo, es habitual que los puestos callejeros acepten efectivo, pero con la modernización de la hostelería compostelana, la gran mayoría ya dispone de datáfono para pagar con tarjeta, lo cual es una gran comodidad.
Consejos para disfrutar como un verdadero compostelano
Para que tu experiencia con el magosto Santiago sea de diez, desde nuestra redacción te dejamos algunos consejos prácticos que solo conocen los locales:
- Abríllasas antes de asarlas (o pídelo): La piel exterior de la castaña es dura y si no se le hace un pequeño corte transversal antes de asarlas, terminarán explotando como pequeños proyectiles. Además, este corte facilita pelarlas cuando están calientes.
- Cuidado con la primera mordida: Parece obvio, pero el interior de una castaña recién asada puede alcanzar temperaturas muy altas. El vapor atrapado bajo la piel es el mayor enemigo del paladar. Ábrela por la mitad y deja que enfríe un poco el vapor.
- Pélalas calientes: Si dejas que se enfríen por completo, la piel interior (el hollejo) se pegará a la carne de la castaña y amargará el sabor. La tradición dice que las castañas se pelan «queimando» los dedos.
- Acompaña de la bebida adecuada: Si tu cucurucho lleva el toque de anís, la mejor bebida para acompañarlo no es un refresco, sino un buen café, o si eres mayor de edad, una copa de licor café o un vino dulce. Si las tomas sin anís, el vino tinto joven es su compañero inseparable.
- Respeta el entorno: Las calles históricas de Compostela son Patrimonio de la Humanidad. Asegúrate de tirar las pieles en las papeleras habilitadas. Las cáscaras son totalmente biodegradables, pero la ciudad limpia es responsabilidad de todos.
Un abrazo cálido en pleno casco histórico
El magosto no es solo una forma de consumir un fruto de temporada; es un ritual social que marca el paso del tiempo. Las castañas asadas con anís representan a la perfección la dualidad de Galicia: un profundo respeto por las tradiciones rurales y la capacidad de adaptarlas a los nuevos tiempos, creando experiencias culinarias memorables.
El magosto Santiago se ha convertido en una cita ineludible que reúne a estudiantes, peregrinos, turistas y locales alrededor de algo tan sencillo y reconfortante como un cucurucho humeante. Ya sea de pie bajo los soportales de la plaza de Cervantes, sentado en un banco de la Alameda o degustando las versiones más modernas de este postre gallego en alguna cafetería del casco viejo, el sabor terroso y dulzón de la castaña con anís se quedará grabado en tu memoria como uno de los mejores recuerdos del otoño. Este año, anímate a pasear por las calles de nuestra capital y a dejarte seducir por el humo perfumado que emana de sus hornillas. Lámbe os dedos e goza do outono galego.
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