La comarca de Verín, en el sur de la provincia de Ourense, es uno de los epicentros indiscutibles del carnaval tradicional gallego. Mientras que el famoso Entroido de Xinzo de Lima o el de Laza acaparan gran parte de la atención mediática y turística, existe una red de pequeñas aldeas y parroquias que guardan con recelo y devoción las manifestaciones más puras, arcaicas y sobrecogedoras de esta fiesta de invierno. Entre ellas destaca de manera muy especial el Entroido de Mourazos, una celebración que aglutina historia, misterio, ruido y una profunda conexión con la tierra y sus ancestros.
Historia y significado: El eco de los antiguos
El origen del Entroido en Galicia, y por ende en Mourazos, se pierde en la noche de los tiempos, mucho antes de la imposición del calendario cristiano y de la Cuaresma. Los historiadores y etnógrafos coinciden en que estas festividades tienen raíces profundas en los rituales prerromanos y romanos asociados a la fertilidad de la tierra, el despertar de la primavera y la expulsión simbólica de los malos espíritus del invierno.
En Mourazos, la historia del Entroido es la historia de su comunidad. Es una fiesta que no se concibe para el turista, sino que nace de y para los vecinos. Durante siglos, esta celebración ha sido el mecanismo de cohesión social perfecto: un momento de ruptura de las reglas, de catarsis colectiva y de reafirmación de la identidad de la aldea. Las máscaras, los disfraces y los rituales se han transmitido de generación en generación de forma oral y práctica, resistiendo incluso los periodos más oscuros de prohibición, como los años de la Guerra Civil y la posguerra, donde el Entroido fue perseguido y obligado a esconderse en la intimidad de las casas.
Lo que hace al Entroido de Mourazos especialmente fascinante es su apeto por lo telúrico. Aquí no hay carrozas lumínicas ni comparsas musicales modernas; el escenario es la propia aldea, sus calles de piedra, las corredoiras y el entorno natural. Es un viaje directo a la Galicia más mítica, donde la figura del «otro», del ser enmascarado, cumple la función ancestral de mediar entre el mundo de los vivos y el de los muertos, entre el frío invernal y el calor de la nueva vida.
Fecha de celebración: El calendario lunar y la Cuaresma
El Entroido de Mourazos, al igual que el resto de los carnavales gallegos y cristianos, es una fiesta de fecha variable. Su celebración está indisolublemente ligada al calendario litúrgico, concretamente a la celebración de la Pascua. Al depender del Domingo de Resurrección, las fechas del Entroido pueden oscilar entre los meses de febrero y marzo.
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Ver servidores VPS →El momento álgido de la fiesta se concentra siempre en la semana que precede al Miércoles de Ceniza. Así, los días grandes son el Domingo de Entroido, el Lunes de Lardero (conocido en Galicia como Luns de Anllada o Luns de Entroido) y, fundamentalmente, el Martes de Entroido, que es el día en el que Mourazos alcanza su máxima expresión festiva y ritual. La fiesta no termina abruptamente, sino que se despide el Domingo de Piñata, poniendo fin a un ciclo de aproximadamente dos semanas de intensa vida social y cultural.
Programa del Entroido: Ruido, hogueras y máscaras
El programa del Entroido en Mourazos es una amalgama de colores, texturas y, sobre todo, sonidos. A diferencia de otros carnavales más institucionalizados, el programa aquí tiene un carácter intimista pero intensísimo, protagonizado por las tradicionales cencerras y los trajes espectaculares.
- Las Cencerras y el Fardel: Uno de los elementos más icónicos de la zona de Verín (y que Mourazos presume con orgullo) es la figura del enmascarado. Aunque en la vecina localidad de Vilar devadozar reina el xenerá, en Mourazos y sus alrededores cobran protagonismo los personajes ataviados con disfraces de colores vivos, rematados con cintas, y cubiertos con decenas de cencerras y campanas en la cintura. El ruido ensordecedor que producen al moverse no es accidental: tiene la función ritual de «despertar» a la tierra, de ahuyentar a los malos espíritus y de hacerse escuchar por toda la geografía de la aldea.
- El Jueves Lardero (Comadres): Antes del fin de semana grande, se celebra el jueves de las comadres, una jornada festiva donde las mujeres toman el protagonismo y se reúnen para comer y celebrar su propia fiesta, preludiando los días grandes.
- Domingo de Entroido: Es el pistoletazo de salida. Los enmascarados comienzan a recorrer las calles, mezclándose con los vecinos, jugando con los niños (a quienes a veces asustan juguetonamente) y estableciendo un puente entre la tradición y el visitante que se acerca a presenciar la fiesta.
- Martes de Entroido (Día Grande): Es el día estelar. Mourazos se llena de life. Se suceden pasacalles, se degustan los productos típicos de la tierra en las calles, y los enmascarados llegan a sus máximos niveles de energía. Las máscaras de madera tallada, reflejo de la artesanía local, son auténticas obras de arte que muestran facciones grotescas, burlonas o demoníacas.
- El Domingo de Piñata: Marca el final del Entroido y el preludio de la Cuaresma. En muchas zonas de Verín, este día incluye la lectura del «Testamento del Entroido» o la celebración del farelo, un ritual donde un muñeco que representa al Entroido es juzgado por sus excesos, condenado a muerte y posteriormente quemado en una hoguera. Este fuego purificador simboliza la destrucción de lo viejo para dar paso a la purificación de la Cuaresma.
Gastronomía del Entroido: El combustible de la fiesta
No se puede entender el Entroido en Mourazos sin hacer referencia a su potente y reconfortante gastronomía. Los duros días de invierno y el gasto calórico de correr enmascarado con kilos de cencerras encima exigen una dieta contundente.
La base de la alimentación en estos días son los productos derivados del cerdo, cuya matanza (matanza do porco) se realiza en los meses previos. Durante el Entroido, las casas de Mourazos huelen a cocidos y caldeiros sustanciosos. Sin embargo, los auténticos protagonistas culinarios de la fiesta son los dulces y los platos elaborados con elementos de la matanza.
En las panaderías y cocinas de la zona se preparan las tradicionales filloas (similares a los crepes pero hechas a menudo con sangre de cerdo para las versiones saladas, o con leche y huevos para las dulces), los bica (un bizcocho esponjoso y húmedo, a veces con azúcar quemado por encima), y las deliciosas orellas de entroido (un dulce frito, crujiente y espolvoreado con azúcar, cuya forma recuerda a una oreja).
Además, es tradición realizar comidas multitudinarias al aire libre o en locales sociales de la aldea, donde vecinos y visitantes comparten mesas larguísimas repletas de embutidos, carnes asadas, y por supuesto, los vinos de la cercana Denominación de Origen Monterrei, cuya uva Godello y Mencía brillan con luz propia para acompañar tan suculento menú.
Alojamiento: Dónde dormir en la comarca de Verín
Mourazos es una pequeña localidad del Concello de Verín, lo que significa que la oferta de alojamiento dentro de la propia aldea es prácticamente nula o muy limitada a casas particulares. Sin embargo, la excelente infraestructura turística de Verín y de toda la comarca hace que dormir cerca sea sencillo y muy placentero.
Para aquellos que busquen la opción más cómoda, la villa de Verín ofrece una amplia gama de posibilidades: desde grandes hoteles de cuatro estrellas y balnearios (ya que la zona es famosa por sus aguas termales, como las de Caldeliñas) hasta hostales más modestos y funcionales.
Si se busca una experiencia más íntima y en sintonía con el entorno natural y rural del Entroido, la mejor opción es optar por el turismo rural. Los Casas Rurales y los Pequeños Hoteles con Encanto salpican toda la geografía de la comarca. Hay opciones magníficas en aldeas cercanas del Valle de Monterrei, o incluso cruzando la frontera con Portugal (la frontera norte), donde el alquiler de casas de piedra rehabilitadas es una industria muy desarrollada. Se recomienda encarecidamente reservar con varios meses de antelación, ya que la fama del Entroido de la zona de Verín atrae a visitantes de toda España y del norte de Portugal.
Cómo llegar a Mourazos
Llegar hasta Mourazos es relativamente sencillo gracias a la buena red de comunicaciones del sureste gallego, aunque requiere de transporte propio para disfrutar plenamente de la experiencia y moverse entre las diferentes aldeas que celebran el Entroido en la misma zona.
- En coche: Es la opción sin duda más recomendable. Mourazos se encuentra a escasos kilómetros del núcleo urbano de Verín. Si se viaja desde el norte de Galicia (Vigo, Ourense, Santiago), la mejor opción es tomar la autovía A-52 (Autovía de las Rías Bajas) en dirección a Portugal/Ourense, tomando la salida hacia Verín. Una vez en Verín, Mourazos se encuentra a una corta distancia siguiendo las carreteras locales (OU) que conectan las parroquias del municipio. Si se viaja desde Castilla y León o Madrid, se debe tomar la N-525 o la autovía A-52 en dirección a Ourense, desviándose en Verín.
- En autobús: La ciudad de Verín cuenta con una estación de autobuses con líneas regulares que la conectan diariamente con Ourense, Vigo, Pontevedra y Madrid. Desde la estación de Verín, para llegar a Mourazos será necesario tomar un taxi local o, si se es avezado, hacer autostop en los días de fiesta, ya que el ambiente festivo facilita la movilidad entre aldeas.
- En tren: Aunque Verín no dispone de conexión con la red de alta velocidad (Alvia o AVE), sí tiene una estación de tren convencional con servicios de Media Distancia que la conectan con la ciudad de Ourense, desde donde se pueden hacer transbordos al resto de la red ferroviaria nacional.
- Desde Portugal: Dada la extrema cercanía con la frontera, muchos visitantes lusos cruzan a través de la frontera de Feces de Abaixo o por el río Támega. Si se viene de la zona de Chaves, hay una excelente carretera nacional directa que une ambas ciudades en menos de media hora.
En definitiva, vivir el Entroido de Mourazos es hacer un ejercicio de inmersión en el alma más profunda de Galicia. Es una experiencia que trasciende el mero espectáculo visual para convertirse en una vivencia sensorial completa: el sonido de las cencerras resonando en los valles, el sabor de las filloas calientes y el olor a leña y a tradición que envuelve las calles de piedra de esta mágica aldea ourensana.
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