¿Qué son los castros celtas de Galicia?
Los castros de Galicia son poblados fortificados de la Edad del Hierro que la cultura castreña habitó entre el siglo VI a. C. y el I d. C. Caracterizados por sus casas circulares y estratégicos fosos defensivos, destacan en la costa gallega. Actualmente son yacimientos arqueológicos visitables que revelan la vida prerromana.
El legado de la cultura castreña en tierras gallegas
El término “castro” deriva del latín castrum, que significa fortaleza o campamento, aunque estas aldeas eran mucho más que estructuras militares. En Galicia se han catalogado más de 3.500 castros, lo que demuestra una altísima densidad de población durante la Edad del Hierro. Los habitantes de estos poblados, antes de la llegada de los romanos, basaban su economía en la agricultura, la ganadería, la pesca y la explotación de los ricos recursos forestales. La arquitectura castreña tenía un componente defensivo natural y artificial: se asentaban en colinas de fácil defensa, rodeados de murallas de piedra y fosos. Sin embargo, la imagen romántica de los celtas gallegos pinta sus casas de forma exclusiva como circulares; tras la conquista romana, aparecieron las construcciones rectangulares, mezclando ambos estilos. Los castros no eran ciudades en el sentido clásico, sino aldeas autosuficientes organizadas en clanes familiares.
Los castros celtas más espectaculares y mejor conservados
Para comprender de primera mano la singularidad de los castros celtas, nada mejor que visitar los yacimientos arqueológicos más emblemáticos de la comunidad gallega. Tanto en las provincias de A Coruña y Lugo como en las de Pontevedra y Ourense, es posible caminar por las mismas calles de piedra donde vivieron nuestros antepasados. A continuación, detallamos los cuatro conjuntos arqueológicos imprescindibles que te mostrarán la evolución de la cultura castreña.
Castro de Baroña (A Coruña)
Situado en el municipio coruñés de Porto do Son, el Castro de Baroña es, sin duda, el más espectacular por su ubicación geográfica. Se asienta en un pequeño istmo rocoso, prácticamente rodeado por el océano Atlántico y separado de la tierra firme por un impresionante foso de piedra. Fue habitado entre el siglo I a. C. y el I d. C. y cuenta con un total de 35 viviendas (de las cuales 20 son circulares), además de varios talleres y un horno metalúrgico. Para llegar, desde Santiago de Compostela (a unos 65 kilómetros) se debe tomar la autopista AP-9 hacia el sur, desviándose en Noia en dirección a Porto do Son. La carretera cruzará la aldea de Baroña, donde encontrarás un aparcamiento gratuito habilitado por la Xunta de Galicia a pie de carretera. Desde allí, una senda peatonal baja por un bosque costero durante unos 10 minutos hasta la entrada del yacimiento.
Castro de Santa Tegra (A Guarda, Pontevedra)
En la frontera sur de Galicia, asomado a la desembocadura del río Miño, se alza el poblado de Santa Tegra (Santa Tecla). Declarado Monumento Histórico Artístico Nacional, se encuentra a 341 metros de altitud en el monte Tecla. Destaca no solo por la reconstrucción excelente de sus viviendas, sino por los increíbles petroglifos (grabados rupestres) que se conservan en sus rocas graníticas, con representaciones de ciervos y laberintos. La visita a este castro suele combinarse con el Santuario de la Virgen da Pena situado en la misma cima. Para subir, es posible hacerlo en coche de particular o a través de un funicular que parte desde la localidad de A Guarda. La visita al yacimiento cuesta 3 euros (tarifa general), mientras que el billete del funicular suele costar unos 2 euros por trayecto. El municipio limita con el norte de Portugal y las vistas sobre la costa portuguesa son, sencillamente, majestuosas.
Castro de Viladonga (Castro de Rei, Lugo)
Si quieres entender cómo era la vida diaria en un poblado fortificado en el periodo final de la cultura castreña (entre los siglos II y V d. C., ya en plena época romana), Viladonga es el lugar ideal. Se encuentra en plena Terra Chá lucense, en un espacio estratégico que controlaba el territorio. Su estado de conservación es envidiable: conserva dos murallas defensivas, fosos y un total de 37 construcciones, entre las que destacan viviendas tanto de planta circular como ovalada. Lo más fascinante de Viladonga es que a pie de yacimiento se encuentra el Museo Monográfico, una moderna instalación inaugurada en 1983. En este museo (con entrada conjunta de 3 euros) se exhiben más de 800 piezas arqueológicas halladas en el lugar: cerámicas de gama, fíbulas de bronce, monedas de la época y herramientas agrícolas de hierro. Su visita resulta clave para comprender la vida doméstica y artesanal de la Gallaecia prerromana y romana.
Castro de Neixón (Boiro, A Coruña)
Ubicado en plena Ría de Arousa, el castro de Neixón es único en su género porque se trata de un yacimiento de origen marítimo-pesquero. Dividido en dos núcleos (el Castro Grande y el Castro Pequeno), este poblado demuestra la estrecha relación de los habitantes prerromanos con el mar. En él se pueden observar viviendas perfectamente reconstruidas con techos de paja (escuadros) y muros de losas de granito que llegan a alcanzar los 5 metros de altura. El centro de interpretación, situado a pocos metros de la entrada, ofrece valiosa información sobre las herramientas de pesca y los enterramientos hallados en la zona. La entrada general tiene un precio de 3 euros y, al ubicarse en el lugar más concurrido de la ría, es fácil combinar su visita con un descanso en las playas cercanas.
Consejos prácticos para visitar los castros de Galicia
Planear una ruta arqueológica por Galicia requiere cierta logística para exprimir al máximo el viaje. Aquí tienes los datos imprescindibles para organizar tu visita a los principales poblados fortificados de la región.
- Cuándo ir: La mejor época del año para visitar los castros gallegos es durante la primavera (de abril a junio) y el otoño (de septiembre a noviembre). Durante estos meses las temperaturas son suaves, oscilando entre los 15 y los 22 grados centígrados. En verano (julio y agosto) la afluencia turística es masiva en zonas costeras como Baroña o Santa Tegra, lo que dificulta el aparcamiento. Además, el rigor del invierno gallego trae lluvias constantes que pueden hacer resbaladizas las piedras graníticas de los yacimientos.
- Cómo llegar: La inmensa mayoría de los castros se encuentran en áreas rurales, por lo que disponer de coche de alquiler es casi obligatorio. Si aterrizas en el Aeropuerto de Santiago-Rosalía de Castro (SCQ) o en el de Vigo (VGO), podrás alquilar un vehículo por unos 30-40 euros al día. Hay líneas de autobús de la empresa Monbus que conectan las grandes ciudades con los municipios de Porto do Son o A Guarda, pero los horarios son limitados y requieren caminar varios kilómetros desde la parada hasta los yacimientos.
- Precios y entradas: Sorprende gratamente que la entrada a los principales yacimientos arqueológicos de Galicia (gestionados por la Junta de Galicia) es gratuita para ciudadanos de la Unión Europea, presentando DNI o pasaporte. Para el resto de los visitantes, las tarifas son muy económicas: la entrada general oscila entre los 2 y 3 euros por yacimiento. Los menores de 12 años siempre entran gratis. Las taquillas suelen cerrar los lunes.
- Calzado y equipamiento: Las piedras de los muros de los castros y los senderos de tierra sufren la humedad ambiental constante. Es imprescindible llevar calzado deportivo o de montaña con buena adherencia, especialmente en el Castro de Baroña, donde la roca está al aire libre y recibe los vientos y salpicaduras del Atlántico.
- Arqueoturismo y rutas guiadas: En los meses de verano, la red de castros gallegos se llena de actividades de turismo cultural. Es habitual encontrar recreaciones históricas de vida celta, talleres de cerámica o fundición de bronce. Consulta siempre la web oficial de Turismo de Galicia (turismo.gal) para verificar si hay rutas teatralizadas programadas en fechas específicas.
Preguntas frecuentes sobre los castros celtas
¿Cuántos castros celtas hay en Galicia?
Se estima que en Galicia existen más de 3.500 yacimientos catalogados correspondientes a la cultura castreña. Esto supone una densidad de población extraordinaria para la época, con una media de un castro cada 5 o 10 kilómetros. Sin embargo, la inmensa mayoría permanecen cubiertos por la vegetación o bajo tierras de labranza. Solo un centenar de ellos han sido excavados, consolidados y acondicionados para el turismo arqueológico.
¿Cuál es el castro celta más bonito de Galicia?
Esta es una cuestión subjetiva, pero el consenso general entre viajeros y arqueólogos suele otorgar este galardón al Castro de Baroña (Porto do Son). La razón principal es su incomparable marco natural, situado sobre un peñasco batido por las olas del océano Atlántico. Su estado de conservación, combinado con la brisa marina y la dificultad de acceso, le confieren un aura mística y de aislamiento temporal difícil de igualar.
¿Los romanos destruyeron los castros en Galicia?
No, en absoluto. Tras las Guerras Cántabras (29-19 a. C.), cuando el emperador romano Augusto conquistó definitivamente el noroeste de la Península Ibérica, no se produjo una destrucción sistemática de los poblados fortificados. Lo que ocurrió fue un proceso de romanización pacífica y progresiva. Los romanos introdujeron nuevas técnicas de construcción, por lo que las viviendas de planta circular empezaron a convivir con casas de planta rectangular. Además, muchos castros fueron abandonados lentamente a favor de la nueva ciudad romana de Lucus Augusti (la actual Lugo), buscando vías de comunicación y comercio más favorables.
