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Gastronomía Gallega

Caldo gallego de cachelos y grelos: la receta tradicional de las abuelas

Caldo gallego de cachelos y grelos: la receta tradicional de las abuelas

Hablar del caldo gallego en Galicia no es hablar de una simple sopa; es pronunciar el nombre de nuestro plato reconfortante por excelencia, de ese bálsamo que arregla el cuerpo y el alma en los días de lluvia o de frío intenso. Y dentro de la inmensa familia de caldos que pueblan nuestras cocinas, el caldo gallego de cachelos y grelos ocupa, sin lugar a dudas, un lugar de honor. Se trata de una receta tradicional que ha pasado de generación en generación, directamente desde las manos encallecidas y sabias de nuestras abuelas hasta las ollas modernas, sin perder un ápice de su esencia, de su sabor a terra y a mar.

En Galicia, el caldo no se come, se «cucha». Y si hay algo que define la identidad de este plato, son sus ingredientes estrella. Por un lado, los cachelos, que no son sino trozos de patata cortados de forma irregular, casi «chascados», para que suelten su almidón y espesen el caldo de forma natural. Por otro lado, los grelos, las hojas tiernas del nabo, con ese toque ligeramente amargo y una intensidad verde que anuncia la primavera como ningún otro vegetal. La combinación de ambos, junto con el unto, el lacón, el chorizo y las alubias blancas, crea una sinfonía de sabores inconfundible.

La receta tradicional: cómo lo hacen las abuelas

La magia de este caldo gallego reside en la paciencia y en la calidad de la materia prima. No hay prisas en la cocina de una abuela gallega. Todo comienza la víspera, dejando las alubias blancas (o fabas) en remojo para que se hidraten y se cocinen de manera uniforme.

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Ingredientes (para 4 personas)

  • 300 gramos de alubias blancas (puestas en remojo la noche anterior).
  • 250 gramos de grelos frescos y muy limpios (las hojas y los tallos más tiernos).
  • 4 o 5 patatas medianas de calidad, preferiblemente gallegas (kennebec o agria).
  • 200 gramos de lacón o hueso de jamón curado.
  • 1 chorizo bueno, con un toque de pimentón de la Vera.
  • 1 trozo de unto (grasa de cerdo curada), fundamental para darle el «unto» característico.
  • Aceite de oliva virgen extra, sal y una hoja de laurel.

Elaboración paso a paso

El primer paso es cocinar las carnes. En una olla grande con agua fría, se ponen a hervir el lacón y el hueso durante aproximadamente una hora. El truco de las abuelas es no echar la sal al principio, ya que el lacón suele ser bastante salado por sí solo. Una vez que el agua ha reducido un poco y ha tomado el sabor del cerdo, se incorporan las alubias escurridas y el trozo de unto. Es importante «asustar» las alubias, es decir, romper el hervor añadiendo un chorro de agua fría un par de veces, para que queden tiernas y no se deshagan.

Una vez que las alubias están casi hechas, llega el turno de la patata. Se pelan y se cortan «chascando» los cachelos. Chascar significa introducir el cuchillo y antes de cortar del todo, tirar para arrancar el trozo. Esto hace que la patata suelte su fécula y el caldo adquiera esa textura espesa y reconfortante tan nuestra. Se añaden a la olla junto con la hoja de laurel y el chorizo.

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Cuando las patatas están tiernas, que llevará unos veinte minutos, es el momento culminante: añadir los grelos. Estos se trocean previamente, habiendo lavado muy bien las hojas. Los grelos apenas necesitan diez o doce minutos de cocción; si los pasamos, perderán su color verde esmeralda y su textura crujiente, además de volverse demasiado amargos. Se rectifica de sal, se retira el trozo de unto (que se puede picar y devolver a la olla o desechar según el gusto) y se deja reposar.

El reposo es sagrado. Un buen caldo gallego siempre sabe mejor al día siguiente, cuando los sabores se han asentado y la patata ha espesado el caldo por completo.

Platos estrella para acompañar y complementar

Si bien el caldo gallego de cachelos y grelos puede ser una comida en sí mismo, lo cierto es que en las casas gallegas siempre se disfruta dentro de un contexto de mesa bien puesta. El plato estrella de esta receta tradicional no es otro que un buen trozo de pan de maíz o de centeno, recién horneado o, mejor aún, ligeramente tostado en la plancha. El pan se usa para «facer cucharada», es decir, para mojar en el caldo y recoger los últimos jugos.

Otro plato que suele acompañar a este caldo, especialmente en las fiestas o en los «xantares» de la matanza, es el rollo de carne o una buena empanada de zamburiñas o de carne. El contraste del caldo caliente y ligero con la contundencia de la carne asada o la empanada es un espectáculo para el paladar. Y, por supuesto, no hay que olvidarse de los postres: un trozo de queso de tetilla, un quesada artesanal o unas castañas cocidas (marronas glaseadas en otoño) son los compañeros perfectos para cerrar una comida basada en este plato.

Dónde disfrutar del mejor caldo: sitios recomendados

Aunque el mejor caldo es siempre el de casa, Galicia está llena de templos gastronómicos donde este plato alcanza la categoría de arte. Para el redactor de engalicia.info, es un placer recomendar algunos de estos lugares que honran nuestra tradición:

  • Casa Manolo (Pontevedra): Un clásico en la zona de Tea. Su caldo de grelos y cachelos es famoso por la potencia de sabor de su caldo base, hecho con productos de la comarca. El ambiente es bullicioso y genuinamente gallego. Un plato de caldo cuesta alrededor de 8€. Abren de lunes a domingo, de 12:00 a 16:30 y de 20:00 a 23:30.
  • A Taberna do Mingo (Santiago de Compostela): Situada a un paso de la catedral, esta taberna es el refugio perfecto para peregrinos y locales. Sirven un caldo en escudilla de barro que parece hecho por una abuela de las aldeas limítrofes. El precio ronda los 7€. Horarios: 13:00 a 16:00 y 20:00 a 24:00. Cierran los domingos por la noche.
  • O Bebedoiro (Lugo): En la ciudad amurallada, este restaurante destaca por la generosidad de sus raciones y la calidad de sus productos del cerdo. Su caldo gallego es espeso, con los cachelos hechos puré en el fondo. Ideal para reponer fuerzas. Precio orientativo: 9€. Abren todos los días de 13:00 a 15:30 y de 21:00 a 23:30.
  • O Furriolo (Ourense): En la capital termal, este local es conocido por su comida honesta y bien ejecutada. El caldo aquí tiene un toque de pimentón ahumado que lo hace adictivo. Precio: 6,50€. Horario de comidas de 12:30 a 16:00, cenas de 20:30 a 23:00. Cierran los lunes.

Consejos para un caldo de diez

Dominar la receta tradicional del caldo gallego requiere prestar atención a los detalles. Aquí van algunos consejos imprescindibles:

  • La calidad del agua: En Galicia tenemos la suerte de contar con aguas blandas, que respetan el sabor de los ingredientes. Si vives en una zona de aguas duras, considera usar agua mineral embotellada para la cocción; notarás la diferencia en la textura de las alubias.
  • El chasqueado de los cachelos: No cortes la patata en cubos perfectos. El secreto está en «chascar» los cachelos para que la fécula se mezcle con el agua y el unto, creando esa emulsión deliciosa que diferencia un caldo gallego de cualquier otra sopa.
  • El punto de los grelos: No cocines en exceso los grelos. Deben mantener un color verde vivo y cierta resistencia al mordisco (al dente). Si los cueces demasiado, el caldo se volverá oscuro y el sabor será excesivamente metálico y amargo.
  • El unto es el alma: No escatimes en un buen trozo de unto curado. Es lo que da ese sabor profundo y rustique al plato. Si no encuentras unto, puedes usar un poco de manteca de cerdo, aunque el sabor no será exactamente el mismo.
  • Deja reposar: Como todas las cocidas, el caldo mejora con el tiempo. Hazlo un día antes, déjalo enfriar en la nevera y caliéntalo en el momento de servir. Verás cómo el sabor se multiplica.

El ritual de la cuchara de madera

En las casas de antaño, el caldo gallego no solo era un plato, sino un ritual social. En las «lareiras» (chimeneas tradicionales), el caldo se cocía a fuego lento en grandes ollas de hierro colgado sobre las brasas. Las mujeres de la casa removían los cachelos con pesadas cucharras de madera para que no se pegaran al fondo. Era el plato de los pastores, de los labradores, de los marineros; un plato humilde que transformaba ingredientes baratos y de temporada en un manjar que alimentaba a familias enteras durante los duros meses de invierno.

Hoy en día, ese ritualismo se mantiene en la forma de servirlo. En muchas casas gallegas, el caldo se sirve en platos hondos de loza o incluso en tazones de barro individuales, que mantienen el calor. La receta tradicional dicta que el caldo debe tomarse caliente, casi hirviendo, y que el comensal debe tener paciencia para ir descubriendo los ingredientes capas, desde el caldo en la superficie hasta los grelos y los cachelos en el fondo.

Un plato para todas las estaciones (aunque especialmente en invierno)

Aunque asociamos el caldo gallego con el otoño y el invierno, lo cierto es que es un plato que se disfruta durante todo el año en Galicia. En primavera, cuando los grelos están en su punto óptimo de frescura y dulzor, el caldo se convierte en una celebración de los productos de la huerta. En verano, se sirve templado, como un plato reconfortante después de un día de playa en nuestras hermosas Rías Baixas. Pero es indudable que en las noches de temporal, cuando el viento azota los cristales y la lluvia no cesa, un plato de caldo caliente se convierte en el mejor abrazo que nos puede dar nuestra tierra.

Valores nutricionales: un plato completo y saludable

Más allá de su valor sentimental y cultural, el caldo de grelos y cachelos es una joya nutricional. Las alubias aportan proteínas vegetales y fibra, las patatas son una excelente fuente de carbohidratos complejos que proporcionan energía sostenida, y los grelos son una superestrella nutricional: ricos en vitamina C, ácido fólico, calcio y hierro. El componente cárnico (lacón y chorizo) añade proteínas animales, y aunque el plato puede ser calórico por el uso del unto, es un alimento altamente saciante que, tomado en raciones moderadas, se enmarca perfectamente en la saludable dieta atlántica.

En resumen, el caldo gallego de cachelos y grelos no es una simple receta tradicional; es un monumento a nuestra historia, a nuestra manera de entender la vida y la comida. Es el sabor de la casa, de la abuela, de Galicia entera en una cuchara. Desde engalicia.info te animamos a que te pongas el delantal, busques los mejores ingredientes y te sumerjas en la elaboración de este plato que, más que cocinar, te hará enamorar un poco más de nuestra cultura. ¡Bo proveito!

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