Ruta de los pazos de la comarca de Muros: pazos y hórreos
La comarca de Muros, en la provincia de A Coruña, es un rincón de Galicia donde el tiempo parece haberse detenido. Entre sus verdes valles y la cercanía del mar, se alza un patrimonio arquitectónico único: los pazos, esas residencias señoriales que fueron testigos de historias de hidalgos, mayorazgos y leyendas. Pero no solo de grandes casas vive esta ruta; los hórreos, esos graneros elevados sobre columnas de piedra, son el símbolo de una cultura que supo almacenar el maíz y la memoria. En este recorrido, propongo un viaje que combina la nobleza de los pazos con la autenticidad de los hórreos, dos caras de una misma tierra que merecen ser descubiertas con calma.
Planes y sitios con descripción
La ruta comienza en el corazón de la comarca, donde cada pazo es una parada obligada. Pazo de Cotón, en la parroquia de Louro (Muros), es una joya del siglo XVIII que aún conserva su torre y una capilla barroca. Sus muros de granito y su jardín con camelios invitan a imaginar la vida de la nobleza rural. A pocos kilómetros, en la misma zona, encontramos el Pazo de la Torre de San Martiño, un edificio que combina elementos defensivos con ventanas adornadas. Aquí, los hórreos del lugar, de hasta 20 pies, muestran la importancia de la agricultura en la economía local.
Continuando hacia el ayuntamiento de Muros, no podemos dejar de visitar el Pazo de la Marquesa de San Esteban, hoy convertido en hotel con encanto. Su fachada blanca y sus balcones de forja contrastan con el verde del paisaje. Los hórreos de la zona, muchos de ellos del siglo XIX, se alinean en las laderas como centinelas de piedra. Merece la pena detenerse en el Pazo de Lestrove, cuyos sotechados de madera y sus escudos heráldicos cuentan historias de linajes perdidos. Además, en la parroquia de Serres, el Pazo de Castrodouro ofrece una visión de la arquitectura popular gallega, con su hórreo de grandes dimensiones que parece desafiar el tiempo.
Para los amantes de la naturaleza, la ruta incluye paradas en miradores como el de A Virxe do Monte, desde donde se divisa la ría de Muros y Noia. Aquí, los hórreos parecen fundirse con el horizonte. En San Francisco de Muros, las antiguas casonas de indianos, con sus galerías de cristal, recuerdan el vínculo con América. Un paseo por la Carballeira de Muros completa la experiencia, donde el sonido de los robles y el olor a tierra húmeda nos conectan con la esencia gallega.
Datos prácticos
La ruta tiene una longitud aproximada de 25 kilómetros, combinando tramos en coche con paseos a pie. Se puede realizar en un día completo, saliendo desde Muros capital. Las carreteras locales (DP-5401 y CP-5407) conectan los diferentes puntos. Recomiendo llevar calzado cómodo para las zonas de campo. Los pazos, en su mayoría, son propiedades privadas, pero muchos permiten visitas exteriores; algunos, como el de la Marquesa de San Esteban, ofrecen visitas guiadas previa reserva. Los hórreos suelen estar en fincas particulares, pero desde los caminos públicos se observan bien. El acceso a la playa de Louro o al puerto de Muros añade un respiro marítimo a la ruta. Para comer, la villa de Muros ofrece mariscos en locales como «O Centolo» o «A Rúa», con precios moderados.
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Lo mejor es comenzar temprano, alrededor de las 9 de la mañana, para evitar el calor y las aglomeraciones. Lleva agua y algo de comida, ya que en los tramos rurales apenas hay establecimientos. No olvides la cámara: los pazos al atardecer, con la luz dorada sobre la piedra, son un espectáculo. Respeta la privacidad de los propietarios; no entres en terrenos cercados sin permiso. Los hórreos, aunque robustos, son estructuras frágiles, así que evita tocar las columnas o las cruces que los coronan. Si viajas en verano, protege la piel con crema y un sombrero, pues las caminatas bajo el sol pueden ser largas. En invierno, un chubasquero es imprescindible, pues la lluvia es parte del encanto gallego.
Mejor época
La primavera (abril-junio) es el momento ideal: los campos están en flor, los camelios de los pazos lucen su máximo esplendor, y el clima es suave, con temperaturas entre 15 y 20 grados. El otoño (septiembre-noviembre) ofrece paisajes teñidos de ocres y naranjas, perfecto para fotografías, aunque las lluvias son más frecuentes. En verano, los días son largos, pero la afluencia de turistas puede restar intimidad a la ruta. Invierno, con sus nieblas y días cortos, es para los más románticos; los pazos envueltos en la bruma parecen salidos de un cuento. Sea cual sea la estación, la ruta de los pazos y hórreos de Muros es un viaje a la Galicia más profunda, donde la piedra y la madera cuentan historias que merecen ser escuchadas.
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