Introducción: Un paseo entre molinos y horizontes infinitos
En las crestas graníticas de la Serra da Barbanza, al suroeste de la provincia de A Coruña, se abre una de las rutas más singulares del patrimonio industrial y paisajístico gallego: la Ruta de los molinos de viento. No se trata de molinos harineros de agua, como los que abundan en los ríos de Galicia, sino de verdaderos aerogeneradores de piedra que durante décadas aprovecharon los vientos atlánticos para moler grano. Aunque hoy muchos están en ruinas, su silueta recortada contra el océano y las rías de Arousa y Muros-Noia conforma una estampa inolvidable. Este itinerario, accesible para senderistas de todos los niveles, combina etnografía, historia y vistas panorámicas que cortan la respiración. Aquí os contamos todo lo que necesitáis saber para disfrutarlo al máximo.
La Ruta de los molinos de viento discurre principalmente por la vertiente occidental de la sierra, entre los concellos de Porto do Son y Ribeira, aunque también alcanza puntos de Boiro y Lousame. La mayoría de los molinos se levantaron entre los siglos XVIII y XIX, cuando el viento era la única energía disponible en estos montes despejados. Caminar entre ellos es viajar a un tiempo en el que el cereal llegaba en caballos desde las fértiles vegas y los molineros vivían en chozos de piedra junto a las aspas. Hoy, la naturaleza ha ido recuperando su espacio, pero los restos de hasta una docena de molinos se conservan como testigos de una economía rural hoy desaparecida.
Planes y sitios destacados de la ruta
A continuación describimos los principales puntos de interés que jalonan el recorrido. Se pueden visitar en un solo día, combinando tramos a pie con pequeños desplazamientos en coche, o bien dedicar un fin de semana completo si se quiere explorar cada rincón con calma. Todos los lugares cuentan con acceso público y son gratuitos.
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Ver en Expedia →1. Molino de Vilar do Colo (Porto do Son)
Es el molino mejor conservado de toda la ruta y el que más veces aparece en las fotografías. Situado a unos 350 metros de altitud, sobre una loma que domina la ría de Muros-Noia, conserva íntegra su torre de mampostería, la cubierta de teja y el mecanismo interior de piedras de moler (aunque sin las aspas originales). El entorno ha sido acondicionado con un pequeño mirador de madera y paneles explicativos que narran la vida del molinero. Desde aquí se divisa un paisaje de retama, tojo y prados salpicados de caballos salvajes. Es el punto de partida ideal de la ruta a pie, ya que existe una pista de tierra que conecta con otros molinos.
2. Conjunto de Os Muiños do Trebo (Ribeira)
En la parroquia de Oleiros, un grupo de cuatro molinos alineados en una loma ofrece una de las panorámicas más extensas de la ría de Arousa. Aunque en estado ruinoso, las torres aún conservan restos de las escaleras de caracol y los huecos por donde entraban los sacos de cereal. Un sendero señalizado de apenas 1,5 km (ida y vuelta) los une, y en el camino se cruza un antiguo camiño real empedrado que conectaba las aldeas de la sierra. Merece la pena detenerse al atardecer: la luz dorada sobre las islas de Arousa y la silueta de la península del Barbanza es de las más bellas de Galicia.
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Hosting WordPress →3. Mirador natural de A Curota (Porto do Son/Ribeira)
El punto más alto de la ruta (520 m), aunque no hay molino en la cima, es un balcón sobre las dos rías. Desde aquí se ve el monte Pindo, la costa da Morte en días claros, y las Illas Atlánticas. Justo al borde del mirador se hallan las ruinas de un molino de viento del que solo queda la base. Es un lugar sagrado para los lugareños, que cada año celebran una romería para pedir buenos vientos. Recomendamos llevar prismáticos y una chaqueta cortavientos, pues el aire es constante.
4. Ruta circular dos Muíños de Vento (PR-G 174)
Se trata del sendero oficial homologado (PR-G 174) que enlaza los molinos de Vilar do Colo, A Curota y Os Muiños do Trebo. Tiene una longitud de 11,5 km y un desnivel acumulado de 350 m. Es de dificultad media-baja, perfecto para familias con niños a partir de 10 años. El recorrido está marcado con postes de madera y señales de pintura blanca y amarilla. Atraviesa bosques de robles y abedules, zonas de matorral atlántico y pastizales. Durante la caminata se pueden observar restos de molinos harineros de agua en los regatos que bajan de la sierra, lo que añade un interés etnográfico extra.
5. Molino da Fervenza (Lousame)
Aunque está algo apartado del núcleo principal de la ruta, este molino es el único que aún conserva parte de sus aspas de madera (reconstruidas). Se encuentra en una finca privada, pero el propietario permite el acceso con cita previa o durante las jornadas de patrimonio (consulte en la oficina de turismo de Lousame). El entorno es espectacular, con una pequeña cascada estacional y un bosque de ribera. Merece la pena desviarse si se dispone de tiempo.
6. Aldea abandonada de Os Muíños (Porto do Son)
Junto al molino de Vilar do Colo se encuentra el que fue un pequeño núcleo de casas de molineros, hoy en ruinas. Las paredes de piedra y los techos hundidos evocan la dureza de la vida en la sierra. No hay carteles explicativos, pero se puede entrar con cuidado. Es un lugar de gran valor fotográfico, especialmente cuando la niebla matinal envuelve las edificaciones.
Datos prácticos para organizar la visita
Equipo recomendado
- Calzado: Botas de montaña o zapatillas de trekking con suela adherente (hay tramos de piedra suelta).
- Ropa: Varias capas. En la sierra el viento es constante, incluso en verano. Un cortavientos impermeable es imprescindible.
- Protección solar: Gafas de sol, gorra y crema SPF 50+, porque la exposición es alta en las crestas.
- Extras: Bastones de senderismo, prismáticos, cámara de fotos y algo de comida (no hay bares en el recorrido).
Dificultad y duración
La ruta circular completa (PR-G 174) se realiza en unas 4-5 horas a ritmo tranquilo, con paradas para fotografías y descanso. Si solo se visitan los molinos principales en coche (Vilar do Colo, Os Muiños do Trebo y A Curota), se puede completar en medio día. Para familias con niños pequeños, recomendamos el tramo de Vilar do Colo a A Curota (ida y vuelta, 4 km) que es llano y muy vistoso.
¿Hay que pagar entrada?
No. Todos los molinos y senderos son de acceso público y gratuito. Solo el Molino da Fervenza, por ser propiedad privada, puede requerir una aportación voluntaria si se visita con guía.
Consejos útiles para una experiencia memorable
- Evitar los días de viento extremo. Aunque los molinos son de viento, rachas superiores a 60 km/h pueden hacer peligrosa la caminata, sobre todo en las cumbres. Consultad la previsión de Meteogalicia.
- Madrugar para la luz y la soledad. La ruta es más frecuentada a partir de las 11:00. Si empezáis a las 8:00 tendréis los molinos para vosotros solos y la luz matinal es mágica.
- No tocar las ruinas. Los molinos son patrimonio histórico. No escaléis las torres ni extraigáis piedras. Algunas estructuras son inestables.
- Llevar prismáticos para observar aves. En la sierra anidan el águila calzada, el halcón peregrino y el búho real. Con suerte veréis también corzos.
- Si viajáis con perro, que vaya atado. Hay ganado suelto (vacas y caballos) y podría haber conflictos.
- Probad la gastronomía local. En Porto do Son y Ribeira hay pulperías y restaurantes donde degustar el pulpo á feira y el marisco de la ría. Un plato reparador tras la caminata.
- Respetad la naturaleza. Llevad una bolsa para la basura. No hay contenedores en el monte.
Mejor época para recorrer la ruta
La Serra da Barbanza goza de un clima oceánico templado, pero el viento y la lluvia son protagonistas buena parte del año. La mejor ventana para disfrutar plenamente de la ruta es de mayo a octubre, con especial mención a los meses de septiembre y octubre. En primavera (abril-junio) los verdes son intensos, las flores del tojo y la retama cubren las laderas y las temperaturas son suaves (15-22 °C). En verano (julio-agosto) los días son largos y hay menos probabilidad de lluvia, pero el sol puede ser muy fuerte al mediodía; conviene empezar temprano.
El otoño (septiembre-noviembre) ofrece una luz extraordinaria, con cielos despejados después de las borrascas y los colores ocres de los abedules. Es también la época de la recogida de castañas y setas en los bosques cercanos. El invierno (diciembre-marzo) es más duro: días cortos, viento gélido y frecuentes lluvias. Sin embargo, si se elige un día de anticiclón, la visibilidad puede ser excepcional y los molinos adquieren un aire dramático. Eso sí, hay que ir muy bien equipado y consultar el parte meteorológico.
Para los amantes de la fotografía, el atardecer de septiembre es insuperable: el sol se pone justo detrás de las islas de Arousa y los molinos se recortan en silueta. También el amanecer, con la niebla baja en los valles, regala imágenes de ensueño. En cualquier época, recordad que la sierra es un espacio vivo: el ganado en libertad, las aves rapaces y el sonido del viento entre las piedras hacen de esta ruta una experiencia única en
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