Ruta de los molinos de agua por el Vale do Ulla en invierno
Iniciar el año descubriendo (o redescubriendo) los encantos de nuestra geografía siempre es un acierto, y hacerlo recorriendo los municipios que conforman el Vale do Ulla es garantía de desconexión. Con la llegada del invierno, el paisaje que flanquea el río Ulla y sus afluentes se transforma: la vegetación, más despojada, permite contemplar la arquitectura tradicional que permanecía oculta bajo la frondosidad, y el caudal de los ríos se muestra más generoso y sonoro.
El turismo en Galicia no se entiende sin sus tradiciones y la presencia constante del agua. Es justamente en las provincias de Pontevedra y A Coruña, donde el Ulla ejerce de frontera natural, donde mejor podremos apreciar las huellas que el paso del tiempo y la fuerza del agua han dejado en forma de ingenios hidráulicos.
Introducción: un viaje al pasado industrial de Galicia
Ahora que viajamos a los municipios del vale do Ulla (Touro, Vedra, Boqueixón, Teo, Padrón, Dodro, Rianxo, Catoira, Valga, etc.), ya sea con propósitos vacacionales o para visitar la tierra que nos vio nacer, aprovechamos la ocasión para recuperar y poner en valor uno de los elementos que identifican nuestro paisaje: los molinos de agua.
En invierno, la magia de las tierras del Ulla se intensifica. El sonido del agua chocando contra las piedras del cauce y la niebla matutina elevándose desde el río crean una atmósfera mística y melancólica. Las rutas de los molinos se convierten en una excusa perfecta para realizar senderismo en familia, rodeados de bosques de ribera, castaños centenarios y campos verdes.
El río Ulla y sus afluentes, como el río Maruzo, el Brandelos o el Sar, fueron durante siglos el motor de la vida económica y social de la comarca. En sus márgenes proliferaron molinos harineros, batanes, aceñas y, más tarde, pequeños saltos de agua que generaban electricidad. Hoy, aunque muchos hayan sucumbido al paso del tiempo, otros permanecen como testigos mudos de una forma de vida íntimamente ligada a la tierra.
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Los molinos harineros eran edificaciones de reducidas dimensiones, levantadas en mampostería y cubiertas con losas de piedra. Su maquinaria básica se reducía a un rodet, que es una rueda hidráulica con paletas curvas, sobre la que caía el agua de un canal o cubeto, accionando el eje que, a su vez, hacía girar la moa (piedra superior) contra la fiela (piedra inferior) para moler el grano.
Antiguamente, los molinos no solo eran centros de trabajo para obtener harina, también representaban un importante punto de encuentro social. Allí se reunían vecinos y forasteros en tertulia y se estrechaban lazos; se hablaba de la cosecha, de las bodas, y hasta de los últimos sucesos. La molienda solía realizarse a cambio de una parte de la harina obtenida, en un sistema de pago denominado maquila.
Planes y sitios imprescindibles en la ruta
A la hora de planificar vuestra ruta de los molinos de agua por el Vale do Ulla, podéis diseñar un itinerario de un día entero o de múltiples jornadas, ya que la comarca está llena de atractivos y de servicios turísticos.
1. Ruta fluvial del río Maruzo (Vedra y Touro)
Uno de los mejores ejemplos de rehabilitación patrimonial vinculada a los molinos se encuentra en el ayuntamiento de Vedra. Junto al ayuntamiento, un área recreativa da inicio a un agradable paseo fluvial que discurre paralelo al río Ulla. Desde aquí parte la ruta del río Maruzo, donde podréis ver el Molino de Cibrán o Molino de Rozavales.
Este sendero nos permitirá conocer de cerca estos ingenios, muchos de ellos restaurados recientemente. Ver la fuerza del agua canalizada hacia la boca del molino en pleno invierno es un auténtico espectáculo visual y sonoro. A lo largo de dos kilómetros, el paseo se salpica de áreas recreativas con mesas, bancos y fuentes, ideales para hacer una parada técnica.
2. El Conjunto Etnográfico de San Fins de Sales (Vedra)
Mencionamos aparte la zona de San Fins de Sales porque su valor patrimonial va mucho más allá de los molinos. El espacio natural que lo rodea y su famoso Penedo do Corvo, un mirador natural sobre la ribera del Ulla, merecen una visita prolongada. En los alrededores hallaréis antiguos molinos, lavaderos restaurados y cruceros que hablan de una Galicia profunda.
En invierno, el mirador del Penedo do Corvo ofrece una perspectiva aérea privilegiada de la crecida del río, permitiendo observar el discurrir de las aguas bravo entre bosques y pequeñas islas. La niebla que suele cubrir el valle al amanecer se va despejando lentamente, dejando paso a paisajes dePostal.
3. Sendeiro dos Muíños en Boqueixón
En el vecino ayuntamiento de Boqueixón, el sendeiro dos Muíños es otra de las joyas del patrimonio etnográfico del Ulla. El camino conecta los núcleos de Bascuñáns, Ortón y Xesteda, descendiendo hasta el mismo cauce del río Ulla, donde se encuentran tres molinos tradicionales en muy buen estado de conservación.
En invierno, este sendero es especialmente recomendable, ya que el caudal del Ulla es más evidente, y la humedad ambiente resalta el musgo y la vegetación de ribera, formando paisajes propios de un cuento de hadas. Es un sendero circular y de baja dificultad, ideal para hacer en familia y disfrutar de la observación de aves, como martínes pescadores o garzas reales.
4. Descenso en kayak por el Ulla
Para los amantes del turismo activo, una forma estupenda de descubrir los antiguos molinos es desde el propio río. El descenso del río Ulla en kayak es una actividad que se ha puesto muy de moda en los últimos años, y aunque en invierno el frío aprieta, las empresas de turismo activo de la zona ofrecen experiencias adaptadas a la temporada con neopreno y todo el equipamiento necesario.
Navegando por el Ulla, veréis los antiguos azudes (presas) que desviaban el agua hacia los molinos, así como restos de otras infraestructuras fluviales. Es una perspectiva única que permite entender cómo nuestros antepasados aprovechaban la topografía del terreno.
Un plato de cuchara para reponer fuerzas
Nuestra recomendación gastronómica para después de la caminata, especialmente en invierno, va por un plato contundente, y en esta zona del Ulla tienen uno por excelencia: el caldo de berza o el cocido gallego.
Podéis acompañar esta comida con los vinos de la Denominación de Oriente Ulla y, de postre, los postres típicos como la tarta de Santiago o los filloas (que también son tradicionales en la época de invierno y del entroido). Los restaurantes y las pulperías de la zona ofrecen cartas adaptadas a todos los bolsillos y a todos los paladares.
Mejor época y consejos para la visita
La mejor época para ver los molinos con mayor caudal es entre noviembre y marzo, es decir, durante el invierno. En este período lluvioso, el río Ulla y sus afluentes se muestran más caudalosos y majestuosos, y los canales de los molinos suelen llevar agua, lo que permite hacerse una idea exacta de cómo funcionaban estos ingenios.
A continuación os dejamos una serie de consejos prácticos para vuestra ruta invernal por el Vale do Ulla:
- Calzado adecuado: El invierno gallego es sinónimo de lluvia y humedad. Los senderos fluviales suelen estar embarrados y resbaladizos. Unas botas de montaña impermeables o calzado con buen agarre son fundamentales para caminar con seguridad.
- Ropa de abrigo y chubasquero: Las temperaturas en las riberas del Ulla pueden ser frescas, especialmente a primera y última hora del día. Vestir por capas (tecnología «cebolla») y llevar un chubasquero impermeable y cortavientos es la mejor opción.
- Respetar el entorno: Recordad no subir a las ruinas de los molinos que no estén acondicionados, ya que la humedad y el paso del tiempo pueden haber dañado las estructuras.
- Cuidado con las crecidas: Si habéis elegido un día lluvioso para hacer la ruta, manteneos a una distancia prudencial de los cauces. El Ulla es un río que, cuando crece, lo hace con mucha fuerza.
- Fotografía: Llevad la cámara o el móvil bien protegidos de la humedad. La niebla del Ulla y el musgo verde intenso ofrecen fotografías espectaculares.
Datos prácticos para la ruta
Cómo llegar: La zona del Vale do Ulla está excelentemente comunicada. Si venís en coche, la principal vía de acceso es la autopista AP-53 (Santiago-Ourense), que cuenta con salidas directas a Vedra y Touro. Si preferís el transporte público, existen servicios de autobús regulares desde Santiago de Compostela y Pontevedra que comunican con los principales núcleos del valle. Desde la estación intermodal de Santiago (Terva), el viaje en coche dura apenas 20 minutos hasta Vedra.
Dónde alojarse: En el Vale do Ulla hay una buena oferta de alojamientos rurales y casas de turismo rural. Muchas de ellas son antiguas casas señoriales rehabilitadas, perfectas para desconectar y vivir una experiencia inolvidable.
Información y mapas: Podéis informaros en las oficinas de turismo de los ayuntamientos de la zona (Vedra, Boqueixón, Touro, Valga, Catoira, Padrón…). Allí dispondréis de mapas y folletos informativos con los senderos señalizados.
Otras actividades: Complementar la ruta de los molinos con una visita al castro de A Graña (Boqueixón), al Pazo de Oca (A Estrada), una de las «joyas de la corona» de la arquitectura civil gallega, o descubrir los paisajes del Ulla en su desembocadura por Catoira y su Museo Vikingo.
En definitiva, una ruta de los molinos de agua por el Vale do Ulla en invierno es una excusa fantástica para disfrutar de un territorio que es un auténtico relicario de la tradición y del folclore gallego. Esperamos que esta propuesta os anime a salir a la calle y a descubrir Galicia.
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