En verano, Galicia ofrece las playas de arena blanca de las Islas Cíes, los acantilados de la Costa da Morte y la frescura de los bosques del interior como la Fragas do Eume. Visitar el casco histórico de Santiago de Compostela y las Rías Baixas te garantiza un viaje completo, combinando naturaleza, gastronomía con excelentes mariscos y un clima suave ideal para el turismo.
Rías Baixas: Cíes, Ons y las mejores playas
El litoral de Pontevedra es el gran imán del estío gallego. Aquí se encuentran las playas de agua turquesa que parecen del Caribe, pero con temperatura oceánica. El gran protagonista es el Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Islas Atlánticas. Para visitar las Islas Cíes en verano, debes saber que el acceso está limitado a 2.200 personas diarias y es obligatorio reservar el billete de barco con antelación (las autorizaciones se agotan rápido en julio y agosto). Empresas como Mar de Ons o Naviera Nabia ofrecen trayectos desde Vigo, Cangas y Baiona por unos 20 euros ida y vuelta. La playa de Rodas, en Cíes, fue elegida en su día como la mejor del mundo por el diario británico The Guardian; caminar por su arenal o hacer la ruta hasta los faros de Monteagudo es una experiencia obligatoria.
Si no consigues plaza en Cíes, la Isla de Ons (salida desde Bueu o Sanxenxo) es una alternativa magnífica, famosa por su arenal de Melide y por la cueva del buzo. Ya en tierra firme, la Ría de Pontevedra esconde joyas como la Playa de La Lanzada (en el municipio de Sanxenxo), un arenal de 2,5 kilómetros perfecto para familias y surfistas. Más al sur, el municipio costero de O Grove es el portal a la Isla de A Toxa. Conectada por un puente a la localidad de O Grove, destaca por sus playas, el parque森林al del Lorenzo y su famosa Capilla de los Milagros, cuyo exterior está completamente recubierto de conchas de vieira.
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Hacia el norte, en la provincia de A Coruña, la Costa da Morte ofrece un paisaje más bravo y salvaje. Un punto de peregrinación (tanto religioso como turístico) es el Cabo Finisterre, considerado el extremo más occidental de la península (aunque geográficamente el Cabo da Naveira en Cee se adentra un poco más en el océano). Ver el atardecer desde su faro, donde el Camino de Santiago tradicionalmente llega a su fin, es uno de los grandes espectáculos de Galicia. Muy cerca se encuentran las Cataratas del Ézaro, el único río de la Europa continental que desemboca directamente en un fiordo (la Ría de Corcubión) en forma de cascada, y la Praia de Carnota, un kilométrico arenal al pie del macizo del Monte Pindo, apodado el «Olimpo celta» por sus formaciones graníticas.
En las Rías Altas, elContraste entre arenales extensos y acantilados vertiginosos es la tónica general. La Playa de las Catedrales (en Ribadeo, provincia de Lugo) es el monumento natural más visitado de Galicia. Sus enormes arcos de pizarra, que solo se pueden caminar durante la bajamar, requieren una reserva gratuita y obligatoria en su web oficial si visitas la zona entre el 1 de julio y el 30 de septiembre. Más al oeste, el yacimiento arqueológico de Castro de Baroña (en Porto do Son) ofrece un paseo circular por las ruinas de un poblado fortificado del siglo I a.C. ubicado sobre un istmo rocoso golpeado por las olas. Es recomendable llevar calzado deportivo y consultar la tabla de mareas para evitar quedarse atrapado.
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Santiago de Compostela es el corazón de la región y un destino perfecto para cualquier ruta de verano. Pasear por la zona monumental declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en primera hora de la mañana evita las aglomeraciones y el calor. El Abelló de la Plaza del Obradoiro, frente a la fachada barroca de la Catedral, es la postal más universal de Galicia. En el centro histórico, las callejuelas de piedra de la Zona Nova y la Zona Vella están plagadas de locales de tapas donde se puede pedir un e iferente de ribeira y un pincho de tortilla, así como de la tradicional tarta de Santiago, un bizcocho de almendra con un toque de canela. Otro imprescindible es el Mercado de Abastos, un mercado de hierro y cristal de 1941 (construido por el arquitecto Vaquero Palacios) donde se puede comprar marisco fresco y comerlo en sus locales habilitados en la planta alta.
A una hora en tren de alta velocidad (cuyo trayecto desde Santiago cuesta unos 20 euros), A Coruña se presenta como una ciudad luminosa y atlántica. Su gran símbolo es la Torre de Hércules, el faro romano en activo más antiguo del mundo (Patrimonio de la UNESCO). Se puede subir a sus 55 metros de altura (entrada general de 3 euros) para divisar la costa coruñesa. El verano es ideal para recorrer sus cristaleras y pasear por la península de la zona vieja hasta el Castillo de San Antón, o disfrutar de playas urbanas y concurridas como Riazor y Orzán, perfectas para un baño rápido y refrescante a media tarde.
Galicia interior: Naturaleza termal y Ribeira Sacra
Si el calor aprieta en la costa, el interior de Lugo y Ourense ofrece temperaturas más suaves, bosques frondosos y la mejor arquitectura románica. La gran joya del interior es la Ribeira Sacra, territorio bañado por los ríos Sil y Miño. Aquí se pueden realizar cruceros fluviales (de una duración aproximada de una hora por unos 20 euros) que navegan entre cañones de pizarra de hasta 300 metros de profundidad, permitiendo ver desde el agua los viñedos en bancales y monasterios románicos del siglo XII como el de Santa María de Santo Estevo (hoy Parador de Turismo) o el de San Pedro de Rocas, un monasterio rupestre excavado directamente en la roca.
En la provincia de A Coruña, el Parque Natural de las Fragas do Eume es uno de los bosques atlánticos mejor conservados de Europa. Un sendero de 7 kilómetros (sencillo y apto para familias) paralelo al río conduce al Priorato de Caaveiro, un conjunto monástico medieval suspendido sobre un peñasco. Para los amantes del senderismo, la ruta de las Fervenzas do Toxa en Silledado (Pontevedra) es obligatoria. Es una ruta circular de unos 5 kilómetros por un bosque de castaños que conduce hasta una espectacular cascada de 30 metros de altura, con una pasarela de madera que permite admirarla de frente. Cerca de allí se encuentra el balneario de la Spa Island, ideal para descansar tras la caminata.
Consejos prácticos
Cuándo ir: Los meses de julio y agosto son los de mejor tiempo asegurado, pero también los más masificados. La primera quincena de septiembre es probablemente la mejor época para visitar Galicia: el mar ha acumulado calor durante el verano y las temperaturas siguen siendo cálidas (en torno a los 24 grados), pero las playas de las Cíes y los cruceros de las Rías ya no están al límite de su aforo.
Cómo llegar y moverse: Galicia cuenta con tres aeropuertos internacionales: A Coruña (LCG), Vigo (VGO) y Santiago de Compostela (SCQ), conectados por autopistas gratuitas (AP-9) y autovías. El tren de alta velocidad Alvia conecta Madrid-Chamartín con Ourense y Santiago en menos de 4 horas, con tarifas desde 25 euros si se compra con antelación. Sin embargo, para visitar la costa, especialmente acantilados, playas como las de Carnota o la Ribeira Sacra, alquilar un coche es casi imprescindible. Empresas como Avis, Hertz o Autoreisen tienen oficinas en los principales nodos. Conducir en verano por las carreteras locales es seguro, aunque hay que prestar atención a la densa niebla ocasional en zonas de montaña.
Precios orientativos y presupuesto: Galicia sigue siendo uno de los destinos de España con mejor relación calidad-precio. Un albergue público cuesta entre 12 y 15 euros; un hotel de tres estrellas en ciudades medianas oscila entre 60 y 90 euros la noche. Un menú del día se puede encontrar por 12-15 euros, mientras que una cena con mariscada de bogavante o centolla para dos personas en un restaurante de calidad rondará los 90-120 euros. Entradas a la mayoría de los monumentos nacionales cuestan entre 2 y 5 euros.
Preguntas frecuentes
¿Es recomendable el clima gallego para ir a la playa en verano?
Sí, aunque hay que mentalizarse. El verano en Galicia es seco y soleado, con temperaturas máximas alrededor de 25 grados. El agua del mar es muy fría (oscila entre los 16 y 19 grados incluso en agosto), por lo que el baño es más bien refrescante que tropical. Sin embargo, en las playas de las Rías Baixas, como Rodas o La Lanzada, la arena es fina y el turquesa del agua, espectacular.
¿Qué comer en Galicia en verano si voy con niños?
La gastronomía gallega es muy amigable para las familias. En cualquier bar o pulpería (especialmente los lunes, día tradicional de pulpo en Galicia), se puede pedir un trozo de Pulpo a la gallega sobre cama de patatas, cuesta unos 12-15 euros la ración. Las empanadas (de zamburiñas, atún o carne) son perfectas para llevar a la playa. Los niños también disfrutarán de las raciones de pimientos de Padrón, con su típica frase «picar, nó
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