Allariz no es un pueblo que se visite, es un pueblo que se pasea, se huele y se saborea. Considerado uno de los conjuntos históricos mejor conservados de Galicia, este municipio ourensano logra atrapar al viajero desde el primer vistazo a sus callejuelas empedradas, sus casas de piedra con balcones de madera y el rumor constante del río Arnoia que lo abraza. Un fin de semana aquí es el antídoto perfecto contra el ruido y las prisas: el tiempo se ralentiza, las comidas se alargan y cada esquina invita a detenerse.
Este plan está diseñado para quienes buscan desconectar sin renunciar a la cultura, la buena gastronomía y los paisajes de interior. Caminar por su casco medieval es como adentrarse en un cuento de piedra, mientras que las orillas del río ofrecen un pulmón verde donde el sonido del agua es la única banda sonora. A continuación, te contamos todo lo que no te puedes perder en una escapada de dos días a este rincón mágico de la provincia de Ourense.
Casco histórico: piedra, historia y artesanía
El casco antiguo de Allariz está declarado Bien de Interés Cultural y es fácil entender por qué. Sus calles empedradas, estrechas y con cuestas, serpentean entre casas solariegas con escudos heráldicos, soportales y miradores de forja. La mejor forma de conocerlo es perderse sin mapa, pero hay paradas obligadas.
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Ver en Expedia →Praza da Feira es el corazón neurálgico, un amplio espacio porticado donde antiguamente se celebraba el mercado. Hoy es el lugar perfecto para tomar un café viendo la vida pasar. Muy cerca, la iglesia de San Pedro de Fóra (siglo XII) combina el románico con añadidos barrocos. Pero si hay un templo que no debes dejar de visitar es el convento de Santa Clara, del siglo XIII, que alberga un claustro gótico de una paz casi monacal y un museo de arte sacro con piezas de gran valor.
Además, Allariz es conocido por su tradición artesanal. En el barrio de Porto Vello encontrarás talleres de cuero, cerámica y, sobre todo, el Museo do Coiro (Museo del Cuero), instalado en una antigua curtiduría. Allí se explica el proceso de curtido tradicional que durante siglos dio fama a la localidad. La visita es corta pero muy didáctica, y al final puedes comprar piezas únicas en la tienda.
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Ver servidores VPS →No olvides asomarte a la Fonte dos Castiñeiros, una fuente del siglo XVII que abastecía al pueblo, y recorrer la Rúa do Progreso con sus casas colgadas sobre el río. Cada rincón invita a fotografiar, pero también a sentir la textura de la piedra desgastada por siglos de lluvia y pasos.
Río Arnoia: naturaleza, molinos y puentes de piedra
El río Arnoia es el otro gran protagonista de Allariz. A lo largo de sus riberas se extiende un paseo fluvial perfectamente acondicionado que conecta diferentes puntos de interés. Es ideal para una caminata tranquila, un paseo en bici o simplemente sentarse en un banco a leer.
Uno de los lugares más emblemáticos es el puente del Canto, un puente medieval de piedra que salva el río con sus arcos apuntados. Desde aquí las vistas del casco histórico son espectaculares, sobre todo al atardecer, cuando la luz tiñe de dorado las fachadas. Siguiendo el curso del agua llegarás al parque de la Alameda, un gran espacio arbolado con juegos infantiles y una pista de petanca que los domingos se llena de vida.
Otro paseo imprescindible es el que lleva a los molinos del río Arnoia. Se trata de antiguos molinos harineros restaurados que hoy albergan un centro de interpretación etnográfica. Ver las piedras de moler, los canales y las ruedas de madera te transportará a la Galicia rural de antaño. El recorrido está señalizado y es apto para toda la familia, incluso con carrito de bebé.
Si te gusta la observación de aves, lleva prismáticos: en las riberas anidan garzas reales, martines pescadores y, si tienes suerte, alguna nutria. El paseo de los Soportales es otro tramo encantador, cubierto por una galería de madera que protege del sol y la lluvia mientras caminas junto al agua.
Otras paradas imprescindibles
Museo del Juguete de Allariz: una colección única que reúne más de 3.000 juguetes antiguos de toda Europa. Está ubicado en la Casa do Curro y es una delicia tanto para niños como para adultos, que recordarán los juguetes de su infancia. Horario: fines de semana de 11:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00. Entrada: 3 € (gratis los miércoles).
Iglesia de Santiago: de estilo románico tardío, destaca su portada con arquivoltas y un tímpano esculpido. Se encuentra en la parte alta del casco, por lo que el paseo hasta ella ya merece la pena.
Probar la gastronomía local: no puedes irte sin comer en algún restaurante típico. Platos como el caldo gallego, el pulpo á feira, las castañas asadas (en temporada) o la carne ó caldeiro. De postre, filloas o leche frita. Algunos locales recomendados: O Muiño, Tapería Xeado o el restaurante del Parador (antiguo hospital de peregrinos).
Datos prácticos
Cómo llegar: Allariz está a solo 15 minutos en coche de Ourense capital (por la N-525). También hay autobuses regulares desde la estación de autobuses de Ourense (línea Ourense-Celanova), con varias frecuencias al día. En tren, la estación más cercana es Ourense, y de allí se toma un bus o taxi.
Dónde aparcar: El casco histórico es peatonal, pero hay varios aparcamientos gratuitos en la periferia: el parking de la Alameda, el de la Avenida de la Provincia o el situado junto al pabellón polideportivo. Todos están a menos de 10 minutos andando del centro.
Alojamiento: Desde casas rurales con encanto (Casa Grande de Mendoia, O Toxal) hasta el Parador de Turismo, que ocupa un antiguo hospital del siglo XV. También hay hostales y pensiones económicas como Pensión Rúa y Hotel Allariz. Recomiendo reservar con antelación en puentes y festivos.
Horarios de museos: La mayoría de centros de interpretación abren de martes a domingo, con horario partido. Los lunes suelen cerrar. Consulta la web de turismo de Allariz para horarios actualizados, especialmente en temporada baja.
Consejos para tu visita
- Calzado cómodo: Las calles empedradas y los paseos fluviales exigen un buen calzado. Olvida los tacones; aquí triunfan las zapatillas de senderismo.
- Ropa de capas: El clima gallego es cambiante. Lleva una chaqueta impermeable ligera, aunque en verano el calor aprieta, sobre todo en julio y agosto.
- Madrugar: Para disfrutar del casco histórico sin aglomeraciones, sal a pasear antes de las 10:00. El silencio y la luz de la mañana son mágicos.
- Reservar restaurantes: Si planeas comer en algún sitio popular, reserva con al menos un día de antelación, especialmente los fines de semana.
- No olvides la cámara: Cada rincón es fotogénico. Lleva batería extra y tarjeta de memoria.
- Respeto al entorno: Allariz es un pueblo vivo, con vecinos. Evita hacer ruido innecesario y no dejes residuos.
Mejor época para visitar Allariz
Aunque Allariz tiene encanto todo el año, las estaciones ideales son primavera y otoño. En primavera (abril-junio) las flores engalanan balcones y plazas, las temperaturas son suaves y el río baja caudaloso. Es perfecto para los paseos al aire libre.
El otoño (septiembre-noviembre) ofrece un espectáculo de colores ocres y rojizos en las riberas del Arnoia. Además, en octubre se celebra la famosa Festa do Boi, una fiesta declarada de Interés Turístico Nacional que recrea tradiciones medievales con música, teatro y un toro de fuego (totalmente seguro, hecho de cartón y madera). Es un fin de semana muy concurrido, así que si quieres vivirla, reserva con meses de antelación.
El verano (julio y agosto) es caluroso, pero las orillas del río ofrecen sombra y frescor. Hay más actividad turística y horarios ampliados. El invierno es más tranquilo, con días cortos y posibilidad de lluvia, pero tiene un encanto especial: las chimeneas humeantes, las calles vacías y el ambiente acogedor de los bares con lareira. Eso sí, lleva paraguas y ropa de abrigo.
Allariz no es un plan de fin de semana cualquiera: es una experiencia que se lleva en la memoria mucho después de haber vuelto a casa. Entre piedras centenarias, el rumor del agua y el sabor de una tapa de pulpo, descubrirás que Galicia guarda tesoros que nunca pasan de moda. Así que prepara la mochila, el calzado cómodo y las ganas de caminar: el río Arnoia y el casco histórico te esperan para regalarte un fin de semana inolvidable.
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