Descubre el alma industrial y minera del interior gallego
Cuando se piensa en la comarca do Deza, lo primero que asalta la imaginación es el humeante y contundente cocido de Lalín, las ferias de ganado o los verdes paisajes ondulados de la Galicia interior. Sin embargo, entre los valles de los ríos Ulla, Deza y Arnego se esconde un patrimonio tan desconocido como fascinante: antiguas minas de wolframio que alimentaron la maquinaria bélica del siglo XX, molinos harineros que durante siglos fueron el corazón tecnológico de las aldeas y fábricas de papel envueltas en la niebla del tiempo. Las rutas de turismo industrial y paisajes mineros de O Deza te proponen una escapada diferente, donde las piedras hablan de oficios olvidados y la naturaleza ha cicatrizado las heridas de la actividad humana creando escenarios de una belleza áspera e hipnótica.
Planes y lugares imprescindibles en tu escapada industrial
1. Las minas de wolframio de Fontao: viaje al pasado estratégico del valle del Ulla
En la parroquia de Fontao, a orillas del encajonado río Ulla dentro del municipio de Silleda, se levantan los restos de uno de los complejos mineros más importantes de la Galicia del siglo XX. Entre 1941 y 1965, la Sociedad Minera de Fontao explotó intensamente los filones de wolframio (tungsteno) de la zona, un mineral codiciado por los ejércitos alemán y aliado durante la Segunda Guerra Mundial para endurecer el acero de los blindados. Hoy el paisaje conserva las ruinas de aquella fiebre: chimeneas de ladrillo refractario, lavaderos de mineral, tolvas oxidadas, los cimientos del poblado obrero con su capilla y escuela, y las bocas de mina tapiadas que todavía asoman entre castaños y robles centenarios.
Para explorarlo, sigue la ruta señalizada que arranca del núcleo de Fontao. Un sendero de unos 5 kilómetros (ida y vuelta) te lleva por caminos de tierra y antiguos cargaderos que bordean el Ulla. En el primer tramo aparece la imponente chimenea del lavadero, soldada al paisaje como un tótem industrial; algo más adelante, el edificio de la central hidroeléctrica que daba energía al complejo y, cruzando un puente de hierro semiderruido sobre el río, el antiguo economato y las viviendas de los mineros, hoy tristemente techadas por la hiedra. Desde el mirador natural junto al afloramiento rocoso de «O Penedo» obtendrás una panorámica del cañón fluvial y, si el día está despejado, de las lejanas cumbres de O Faro. La combinación de arqueología industrial
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