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Guías Estacionales

Descubre la ruta de los animales de la Serra da Groba

Un paseo entre piedras y vida salvaje

Al sur de la provincia de Pontevedra, en el municipio de Oia, se alza la Serra da Groba, una alineación montañosa que separa la costa atlántica del valle interior. Aquí, entre bosques de pinos, carballos y matogueira, nace una de las rutas más singulares de Galicia: la Ruta de los Animales. No se trata de un sendero común: a lo largo de varios kilómetros, el visitante se topa con decenas de figuras de piedra que representan la fauna ibérica, esculpidas directamente sobre los afloramientos graníticos de la sierra. La ruta es un homenaje a la naturaleza, al arte y a la tradición, y ofrece una experiencia que combina senderismo, escultura al aire libre y vistas panorámicas del océano Atlántico.

La idea surgió de un artista local, que durante años fue tallando animales en las rocas que encontraba a su paso: un lobo, un jabalí, un oso, un águila, un corzo… Hoy, la ruta cuenta con más de 20 figuras perfectamente integradas en el paisaje. Es un museo sin paredes, abierto a todos los que quieran perderse por los senderos de la Serra da Groba. A continuación, te contamos todo lo que necesitas saber para disfrutar de esta ruta única en Galicia.

Los puntos de interés del recorrido

La ruta se estructura como un itinerario circular que parte desde el mirador de la ermita de San Sebastián, uno de los lugares más emblemáticos de la sierra. Desde allí, el sendero desciende suavemente entre rocas y vegetación, y en menos de 200 metros comienzan a aparecer las primeras esculturas.

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1. El inicio: Mirador de San Sebastián

Antes de adentrarse en la ruta, merece la pena detenerse en el mirador de la ermita. Desde aquí se divisa toda la costa de Oia, las islas Cíes al fondo y, en días claros, la ría de Vigo. Es un lugar perfecto para orientarse y preparar la cámara. La ermita, dedicada a San Sebastián, es pequeña pero acogedora, y en su entorno hay mesas y bancos de piedra para hacer un picnic.

2. El lobo ibérico (Canis lupus signatus)

La primera gran figura que nos encontramos es un lobo en posición de acecho, con las orejas erguidas y el hocico ligeramente abierto. Tallada en un bloque de granito de unos dos metros de altura, la escultura capta la mirada del caminante. El artista aprovechó las grietas naturales de la roca para marcar el pelaje y los músculos. Es, sin duda, una de las más fotografiadas.

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3. El jabalí y los jabatos

Avanzando unos metros, un grupo de jabalíes aparece entre los helechos. La figura principal es un macho grande con colmillos prominentes, acompañado de tres jabatos más pequeños que parecen hozar en la tierra. Las esculturas están colocadas de forma que simulan una escena real de búsqueda de alimento. Es frecuente ver musgo y líquenes creciendo sobre ellas, lo que las mimetiza aún más con el entorno.

4. El oso pardo (Ursus arctos)

Uno de los momentos más impactantes del recorrido es encontrarse con el oso pardo. Aunque esta especie no habita en Galicia desde hace siglos, el artista quiso rendirle homenaje como símbolo de la fauna perdida. La figura es enorme, con las patas delanteras apoyadas en una roca, como si estuviera a punto de erguirse. Los detalles de las garras y la cabeza son especialmente realistas.

5. El águila real (Aquila chrysaetos)

En un punto elevado del sendero, hay que levantar la vista para descubrir un águila real tallada en la parte superior de un peñasco. Sus alas están extendidas y la cabeza girada hacia el mar. Representa el espíritu de libertad de las aves que sobrevuelan la sierra. Desde esta zona también se pueden observar buitres leonados reales que anidan en los acantilados cercanos.

6. El corzo y el ciervo

Otras dos figuras destacadas son un corzo, con su característico cuello corto y orejas grandes, y un ciervo con una cornamenta muy marcada. Ambas están situadas en un claro del bosque, donde la luz del sol las ilumina de manera especial. El artista utilizó la textura rugosa del granito para simular el pelaje.

7. La liebre y el conejo

En las zonas más bajas, cerca de un pequeño regato, aparecen liebres y conejos esculpidos en rocas más bajas. Son figuras más pequeñas, casi camufladas entre la maleza, y hay que estar atento para no pasarlas por alto. Son un guiño a la fauna más discreta de la sierra.

8. El final: el castro de Santa María de Oia

La ruta termina o puede ampliarse hasta el castro de Santa María de Oia, un yacimiento arqueológico de la Edad de Hierro. Allí se conservan restos de viviendas circulares y murallas, y las vistas al océano son espectaculares. Es un broche de oro para una jornada de naturaleza y cultura.

Datos prácticos de la ruta

  • Longitud total: 5,5 km (circular).
  • Duración estimada: 2 horas caminando a paso tranquilo, sin contar paradas para fotos o picnic.
  • Dificultad: Baja-media. El terreno tiene algunos desniveles suaves y tramos con rocas sueltas. No apto para personas con movilidad reducida.
  • Tipo de ruta: Circular. Se puede empezar desde el mirador de San Sebastián o desde el aparcamiento de la ermita.
  • Señalización: Buena. Hay marcas de pintura amarilla y paneles informativos en los puntos clave. No obstante, recomiendo llevar GPS o mapa descargado.
  • Punto de inicio: Mirador de San Sebastián (coordenadas: 42.013, -8.876). Se accede por carretera asfaltada desde Oia.
  • Aparcamiento: Pequeño área al lado de la ermita. Recomiendo llegar temprano en temporada alta.
  • ¿Se puede ir con niños? Sí, es una ruta entretenida para ellos, que disfrutarán buscando las figuras de animales.

Consejos para disfrutar al máximo

  • Calzado adecuado: Las rocas graníticas pueden estar resbaladizas con humedad. Usa botas de senderismo o zapatillas con buen agarre.
  • Agua y comida: No hay fuentes ni bares en la ruta. Lleva al menos 1,5 litros de agua por persona y algo de comida. En el mirador hay mesas.
  • Protectión solar y gorra: Aunque haya sombra en los bosques, muchos tramos están expuestos al sol.
  • Repelente de insectos: En primavera y verano pueden encontrarse mosquitos y tábanos.
  • Respeto absoluto: No tocar las esculturas con fuerza ni pintar sobre ellas. Son obras de arte al aire libre que deben preservarse.
  • Mochila ligera: Lleva los prismáticos para avistar aves y quizás algún libro de fauna para identificar especies reales.
  • No te limites al sendero principal: Hay figuras escondidas entre las rocas. Explora con cuidado, sin salirte de la senda marcada.
  • Consulta la previsión meteorológica: La niebla puede aparecer rápidamente. Si el día está muy nublado, algunas vistas se perderán, pero la ruta sigue siendo mágica.

¿Cuándo visitar la ruta de los animales?

La Serra da Groba tiene un clima oceánico, con inviernos suaves y lluviosos y veranos templados. La mejor época para realizar la ruta es la primavera (abril a junio), cuando el bosque está verde, los helechos crecen y las esculturas se integran con flores silvestres. Las temperaturas rondan los 15-20 °C, ideales para caminar.

El otoño (septiembre a noviembre) también es muy recomendable: los colores ocres y rojizos de las hojas crean un contraste precioso con el granito gris. Además, hay menos afluencia de visitantes. En verano, aunque el clima es bueno, el calor puede ser intenso al mediodía, por lo que conviene madrugar. En invierno, los días son más cortos y hay riesgo de lluvias persistentes; el sendero puede estar embarrado, pero si escoges un día despejado, las vistas del mar son espectaculares.

Evita los fines de semana de agosto y septiembre, ya que el aparcamiento se llena y la ruta pierde su encanto solitario. Los amaneceres y atardeceres son especialmente bonitos para fotografiar las esculturas con luz tenue.

La Ruta de los Animales de la Serra da Groba no es solo un paseo: es un diálogo silencioso entre el arte, la piedra y la naturaleza viva. Cada figura te invita a detenerte, observar y sentir el viento que viene del mar. Es un lugar donde el tiempo parece ralentizarse y donde los caminantes se convierten en exploradores de un pequeño mundo esculpido con paciencia y amor por la tierra gallega. Si buscas una experiencia diferente, lejos de las rutas masificadas, este sendero te espera con sus lobos de granito, sus águilas de piedra y la magia de una sierra que guarda secretos para quien sabe mirar.

Prepara la mochila, calza tus botas y déjate sorprender por la fauna más inmóvil y a la vez más viva de Galicia.

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